Las torrijas con el sello Blanco son unos finos y ricos pasteles de hojaldre bañados en almíbar que debemos a nuestro fundador Ángel Blanco.

En Confitería Blanco nos gustan tanto las tradiciones y elaborar los dulces típicos que las acompañan que a veces, incluso, nos gusta ponerle un toque original de la casa. El mejor ejemplo lo vemos con la llegada de la Semana Santa. La costumbre en esta época, aunque en Cantabria las asociamos más a la Navidad, es comer torrijas. Pero las que fabrican las experimentadas manos de nuestros maestros artesanos nada tienen que ver con las típicas que se comen en el resto del país y que tienen en el pan duro, la leche, la canela o el limón sus ingredientes principales. Las torrijas Blanco, más bien, son unos finos y ricos pasteles de hojaldre bañados en almíbar. Una receta original, pero que sigue la tradición, que debemos a nuestro fundador Ángel Blanco.

Orígenes de las torrijas:

En España, cada celebración suele venir acompañada de un postre concreto. En Reyes, por ejemplo, lo típico es el Roscón y en Semana Santa, las torrijas. Una vez explicado que no ocurre así en todo el país y que no solo existe un tipo de torrijas vamos a indagar en sus orígenes y en el por qué de su vínculo con la Semana de Pasión.

Al parecer, las torrijas fueron un invento de los romanos. La mejor prueba es que el gastrónomo Marcus Gavius Apicius ya las incluyó en su célebre recetario “De re coquinaria”. En esa obra, del siglo I, figura un plato denominado pultes tractogalate, que venían a ser gachas guisadas con harina y leche y cuya elaboración lo sitúa como un claro antecedente de la tradicional torrija. “Echar en una cacerola medio litro de leche con un poco de agua, y hervir a fuego lento. Romper tres galletas de harina (panecillos) dentro de la cacerola. Remover. Cuando esté cocido, echar miel”.

El cuanto al motivo por el que la mayoría de los españoles la consume en Semana Santa corresponde a una cuestión en buena medida económica, aunque también política. Y es que la Semana de Pasión era de las pocas celebraciones que el régimen permitía en tiempos de posguerra. La situación del país no era muy boyante después de la guerra y no había para exquisiteces, por lo que la vía más sencilla y sensata fue apostar por un dulce que apenas requería remojar pan duro de días anteriores en leche. La primera vez que pudimos leer un término similar a “torrija” fue gracias al poeta y dramaturgo Juan de la Encina, quien en un verso de su villancico número IV emplea la palabra “torreja” asociándola, además, a pasajes de la Biblia. “En cantares nuevos / gocen sus orejas, / miel e muchos huevos / para hacer torrejas, / aunque sin dolor / parió al Redemptor”.

Durante varios siglos, las torrijas supusieron para los pobres la manera más económica de recuperar fuerzas recurriendo a dos alimentos básicos como el pan y la leche o, en su defecto, el vino. Una virtud que destacaba sobremanera, por ejemplo, los días de Cuaresma, ya que hacía más llevadera la prohibición de no comer carne que imponía la Iglesia católica. Así las cosas, es innegable la relación o vínculo existente entre las torrijas y la Semana Santa. Tanto es así que en la mayor parte del país solo se consumen en esta época del año. No ocurre así, como ya os hemos contado en la “Tierruca”, donde se asocian a los productos típicos de Navidad. Si bien es cierto que cada festividad tiene su postre, en “La Tierruca”, con las torrijas, nadamos a contracorriente. Será también por eso que en Confitería Blanco, además, las hacemos distintas que en el resto de España. Una exquisitez que debes probar al menos una vez en la vida…

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